lunes, 17 de noviembre de 2008


Así se mojaban, iniciándose en los accidendentes absolutos y temiendo ser juzgados.Con toda clase de impaciencia y rencor hacia la pérdida de tiempo se amaron como un bicho enjaulado. Se tomaron fotos y acordaron borrar malos pensamientos.
Era prehistórico escaparse de semejante inclinación horizontal que recorría con su cabeza, sin perder el equilibrio.
Siguió lloviendo, pero todo se perfilaba como una aparición en ficción, de la que todos estamos seguros que no es real. Corrimos sin distarnos, pegasos y resbaladizos, sosteniendo los olores que quisimos conservar hasta último momento.Por último llegó la promesa del final: fue en ese olvido del mundo, en el que vio escapar mi cuerpo...
Parece no molestarle a la cara, todas esas sacudidas que torturan los gestos. Arrugas y forcejeos. Rojos. Apretados. Mientras uno camina dando pasos de una nota de humo, simplemente porque no se ve.
El orden en que se acumulan las gotas es preciso y calculado. No basta con estirar la mano en cámara lenta sobre un rostro pesado y gomoso.
Contracciones repentinas e inesperadas en el labio esperan la primera gota. Salada. Redonda. Ambulante.La humedad no perdona sacudidas y se estremece geométricamente, esperando más bronca.
El llanto es una luna cerca. La felicidad trasera, justo ahora.

Algo bonitoo,
un beso en la boqita !



Tu precensia aumenta mi risa, alegra mis dias, calma mis males y me llena la vida